actividad cultural
Según una vieja encuesta, el personaje de ficción más admirado por los americanos era Atticus Finch, el abogado que, en un pueblo rural del sur de Estados Unidos, defendió a un hombre de raza negra acusado injustamente de violación en un juicio de evidente cariz racista. Gregory Peck lo interpretó magistralmente en Matar a un ruiseñor, de Robert Mulligan, basada en una novela de Harper Lee.
Si el personaje de Atticus Finch fue respetado y admirado por los espectadores, no le fue menos El hombre tranquilo, al que dio vida John Ford, ambientada en la Irlanda rural, con destacadas interpretaciones de la pelirroja Maureen O'Hara y del insustituible Victor McLaglen.
Los caminos del cine se bifurcan, como en los senderos de Borges, y nos llevan hasta las dramáticas tensiones de Johnny Guitart, la genial obra de Nicholas Ray, que recuerda en su estructura a las tragedias clásicas, aunque ambientada en un lugar sin nombre del "Far West". Las magistrales interpretaciones de Joan Crawford y Mercedes McCambridge, así como la hermosísima canción interpretada por la mítica Peggy Lee, permanecen en las antologías del cine.
Otro camino nos conduce hasta uno de los filmes más admirados de la historia del cine: Amanecer, de F. W. Murnau, un auténtico poema visual del que se ha dicho que no se trata de una película muda, porque no necesita palabras.
Ernest Lubistch, el gran director de comedias, está representado por una película legendaria: Ninotchka, interpretada por una espléndida Greta Garbo en lo mejor de su carrera.
Considerada por parte de la crítica como una de las mejores películas españolas de todos los tiempos, El Sur, de Víctor Erice, nos cuenta una historia sencilla y nostálgica, tan distinta al complejo relato de espías que Alfred Hitchcock desenreda en el filme Encadenados, en el que aparecen, con Cary Grant, dos de los actores principales de "Casablanca": Ingrid Bergman y Claude Raims.
Entre las escasas incursiones de Billy Wilder en el cine negro se produjo Perdición, una obra maestra del género que va ganando prestigo con el paso de los años, fruto de la excepcional dirección del cineasta autriaco.
Vuelve la comedia al IV Ciclo de Cine con una película amable, Desayuno con diamantes, de Blake Edwards, basada en la novela Breakfast at Tiffany's, de Truman Capote. En el filme comparten protagonismo la admirable Audrey Herpburn y un jovencísimo Georges Peppard, con excelente banda sonora en la que destaca la canción "Moon River" como melodía básica.
El ciclo concluye con otra película mítica ambientada en el Lejano Oeste, Raíces profundas, de George Stevens, sobre las sangrientas disputas entre ganaderos y granjeros, que aprovecha magistralmente las características de los actores. La fotografía, en excelente Technicolor, y la banda sonora contribuyen a engrandecer el filme.
Nuevamente el cine nos permite transitar por caminos que se bifurcan, que nos conducen hasta mundos diferentes y tiempos desconocidos, que nos muestran la grandeza y las miserias de la condición humana,los horizontes múltiples que el Séptimo Arte ha creado entre la tierra y el cielo para disfrute y reflexión de quienes tanto lo amamos.
José Verón Gormaz
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